Pechuga de pavo, jamón cocido…¿que esconden? 

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Seguramente pienses que cuando incluyes en tu dieta unas lonchas de pechuga de pavo, ya sea como media mañana o en la merienda, o le das a tu peque jamón cocido , estás aportando al organismo un embutido saludable ¿acaso no sigue siendo embutido? Y pensarás….”pero no es chorizo ni mortadela, así que es más sano”  ¿y eso es verdad? ¿Hay alguna diferencia en realidad? 

A ver, hay que partir de la base de que sea pechuga de pavo, jamón cocido, chorizo o mortadela sigue siendo embutido y por lo tanto…un derivado cárnico y una carne procesada. Y como todos los alimentos procesados llevan “añadidos” que convierten el alimento en un resultado final que poco tiene que ver con el “alimento natural” . Pero no todos son iguales, por eso es muy importante mirar los ingredientes para saber escoger el más saludable. 

¿Por qué se empeñan en anunciarlos como un alimento saludable? ¿Tiene que ser un alimento habitual en dietas de adelgazamiento y en las meriendas infantiles? 

Pues yo creo que toda esta fama de saludable viene porque son embutidos con bajo contenido en grasa (entre 0,5 y 2%) y bajo aporte calórico (95kcal/100 g) 

Pero claro, ¿sabes cómo se elaboran estos embutidos que se venden como tan saludables? 

¡Vamos a ello! 🙈 (me llevo las manos a la cabeza ya…) 

Primero voy a diferenciar el jamón cocido de la pechuga de pavo: 

Jamón cocido

Se elabora con la pata trasera del cerdo, a la que se le quitan los huesos, cartílagos, tendones y otros ligamentos. 

Se somete a un proceso de salmuera y se le añaden conservantes, entre ellos nitratos y nitritos para que se conserve y así eliminar la bacteria Clostridium botulinum (esta bacteria puede aparecer en productos cárnicos mal curados). Si bien es necesario que se le añadan e incluso beneficioso para poder ingerirlos a día de hoy existe una controversia, ya que los nitritos y los folatos tienen relación con algunos tipos de Cáncer. 

Los Antioxidantes y conservantes, ayudan a prolongar la vida útil del jamón protegiéndolo del enranciamiento de las grasas. Los que pueden ser nocivos son los parabenos (E214, E215, E216, E217), ya que si se combinan con E300 (que también se lo añaden al jamón) se puede formar benceno que es un hidrocarburo cancerígeno.

Puede contener hasta 14 colorantes naturales y otros artificiales,  unos no son perjudiciales para el organismo pero otros sí. 

Quiero destacar a uno de los potenciadores del sabor , el Glutamato monosódico (E621-E625) porque puede estar presente dependiendo de la marca. Seguramente le suene a muchas personas. Es un aditivo relacionado con la obesidad, sobre todo infantil, por su capacidad de incrementar el hambre (síndrome del restaurante chino); daña la regulación hipotalámica del apetito, además de producir destrucciones neuronales. 

Pechuga de pavo 

Se elabora a partir de la musculatura del pecho deshuesado y sin piel del pavo, al que se le agregan condimentos, especias y aditivos.

Puede contener cantidades importantes de potenciadores de sabor, fosfatos, colorantes, gelificantes y sodio.

Normalmente se le añaden azúcares y proteínas que dan como resultado un producto que dista considerablemente de lo natural y saludable. 

Los Azúcares o oligosacáridos disminuyen la actividad del agua y por tanto mejora su conservación. Seguro que te suena la dextrosa, sucrosa, glucosa, maltodextrina, lactosa…pero pueden emplear cualquiera azúcar añadido de la industria alimentaria (existen hasta 56 nombres)

También suele estar presente la fécula de patata que se usa para aumentar el volumen y la consistencia. ¿Y cómo actúa a nivel organismo? Pues que sube el índice glucémico al disociarse en el intestino en moléculas de glucosa. 

También puedes encontrar en este tipo de embutido leche en polvo, ya que la caseína es un ingrediente barato y hace que suba el % de proteínas y aporta lactosa. 

¿Y todos los fiambres de pechuga de pavo, o jamón cocido son iguales? 

Claramente NO. No solo puede cambiar según la marca y los ingredientes “extra” que le añadan sino que hay que diferenciar entre los “fiambre de” o “magro de” de los que contengan “jamón cocido extra” o “paleta cocida extra”. 

¿Pero por qué? ¿Qué diferencia existe entre ellos? 

Pues en el caso de los que se trata de “fiambre de” o “magro de” estaremos comprando un embutido que contiene un 50-60% de carne , porque en este caso la legislación permite a la industria emplear proteínas de origen animal más baratas y una serie de aditivos, almidones y azúcares. 

Sin embargo, si compras “jamón cocido extra” o “paleta cocida extra” estarás “asegurándote” que contienen al menos un 85% de carne ya que así lo garantizan por ley y por lo tanto, llevará menos contenido del resto de ingredientes y estarás consumiendo un jamón o una pechuga de pavo de mayor calidad. 

Tanto en el jamón cocido como en la pechuga de pavo hay que hacer hincapié en la cantidad de sal que contiene, porque estamos hablando de sal añadida, ya que las carnes animales apenas tienen cloruro sódico por lo tanto se la tienen que añadir.  

Tienes que saber que la cantidad diaria recomendada de sal equivale a 2,5 g de cloruro de sodio. 

Una loncha de pavo, por ejemplo, puede contener una media de 0,50 a 0,85g. Si comes tres lonchas ya estarás cubriendo prácticamente  la cantidad de sal diaria recomendada , hablo de un corte normal, si eres de las personas que le encanta disfrutar de las lonchas finísimas como yo (no de manera habitual claro) entonces puedes permitirte alguna más. 

De cualquier manera, mi recomendación es que escojas aquellos que tengan un contenido reducido en sal. 

Al final, cualquier alimento envasado, cuanto menos etiqueta haya que analizar y cuantos menos ingredientes tengas que leer, seguramente será un alimento más saludable. 

Y aunque lo vendan como saludable, y es un aporte de proteína rápido y cómodo, mi recomendación es que no debería de formar parte de la base de una alimentación saludable, sino que su consumo sea de manera ocasional. 

¿Por cuál me decanto yo? 

Jamón cocido extra Elpozo reducido en sal
Pechuga de pavo natural Frial
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